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Cómo educar a un niño bilingüe

Posted on August 26, 2015 by

bilingüe

Me llamo Mara, soy de Italia y, como muchas personas que trabajan en Babbel (y, en general, en Berlín), tengo un hijo con alguien de otro país. En mi caso se trata de un alemán. ¿Qué puedo hacer para que mi hijo aprenda bien el italiano? ¿Con qué recursos cuento? Aquí veréis lo que conseguí descubrir…

Guten Morgen Papa, buongiorno mamma!” Así comienza mi día, al menos si se trata de un día bueno. De lo contrario, puede empezar con un “Mama, aufstehen!” (¡Mamá, a levantarse!”) muy germánico, cuyo grito oigo a las seis de la mañana. Evidentemente, para mi hijo la orden de levantarse está asociada inseparablemente a su segunda lengua, el alemán.

Seguro ya habéis comprendido el problema: en casa no hablamos un solo idioma, sino dos, y ambos deben coexistir en paz, ser percibidos justamente como dos idiomas y culturas diferentes que pertenecen a nuestra rutina diaria. Un niño pequeño no comprende aún que exista esta separación, ni que su mamá hable un “idioma” y su papá otro. Solamente sabe que con determinadas personas, por ejemplo, con la mamá o los abuelos maternos, es mejor hablar de un “modo” (en este caso, en italiano), mientras que con otras, como el papá, los abuelos paternos y los amigos de la guardería es mejor hablar de otro “modo”.

Pero esta diferencia no siempre es fácil de entender, especialmente si ambos padres comprenden y hablan los dos idiomas. Una colega italiana incluso me contó que su hija, también una niña ítalo-alemana, percibe los idiomas como “voces” diferentes: la “voz italiana” y la “voz alemana” de su madre. Y un amigo inglés de piel oscura me contó que su hija relaciona el idioma inglés con el color de la piel. Es decir: sus abuelos de color hablan inglés = todas las personas de color hablan inglés.

La conciencia de que existen dos (o más) idiomas diferentes solo se desarrolla y refuerza más tarde, como explica Elisa Leonardi, cofundadora de la escuela italiana y del centro cultural alemán-italiano SI. En la entrevista que le hice y que presentamos a continuación nos proporciona más información acerca de la educación bilingüe.

Elisa Leonardi: “Ofrecemos cursos para niños y adultos que están aprendiendo los dos idiomas y desean ampliar sus conocimientos. Tenemos, por ejemplo, cursos de italiano para niños bilingües de habla alemana e italiana. Tales niños crecen en un entorno alemán, pero, gracias a uno de sus padres, están relacionados con el otro idioma. Como ya hablan y entienden el italiano, se trata, sobre todo, de ampliar su vocabulario por medio de talleres creativos –por ejemplo–, pues el factor diversión es esencial para crear un vínculo positivo con el idioma de aprendizaje. Uno de los talleres realizados era de geología –cómo construir y hacer eruptar un volcán–; otro que fascinó a los niños fue de astronomía.

Aunque los niños hablen muy bien el italiano y usen esta lengua para comunicarse en clase con el profesor, curiosamente en el descanso, cuando están entre ellos, hablan alemán. Pero esto es normal: también mi hijo, quien antes hablaba conmigo exclusivamente en italiano, comenzó a hacerlo en alemán al comenzar el colegio: quiere ser como los demás, estar integrado y ser aceptado. Se trata de una cuestión de identidad, y cuando descubrí, a partir de mis conversaciones con otros padres, que este comportamiento está muy difundido, me tranquilicé.

Aunque al principio me resultara difícil, nunca lo obligué a volver a hablar en italiano. Si bien es verdad que se expresa en el idioma con el que más a gusto se siente en ese momento, yo puedo continuar “enseñándole” italiano aplicando algunos truquillos y relacionando siempre el aprendizaje con un juego: escuchamos canciones en italiano, miramos vídeos, leemos historias juntos. De esta manera no pierde el contacto con el idioma.

El momento en el que los niños son capaces de hablar sin errores y de diferenciar los dos idiomas varía en cada caso y también depende del tiempo en que el padre o la madre correspondientes al idioma menos fuerte se dediquen a este. Según mi experiencia, los niños de madre italiana que crecen en un entorno alemán suelen hablar mucho mejor el idioma que aquellos que tienen un padre italiano: esto tal vez se deba a que la madre pasó mucho tiempo con ellos desde el inicio. (¿O a que nosotras, las madres, simplemente hablamos más? Observación de la autora).

Cuando los niños se niegan a hablar en el idioma “más débil”, no debemos obligarlos a hacerlo. En algún momento los niños se dan cuenta por sí mismos que algunas personas no los comprenden (por ejemplo, al visitar a sus abuelos) y entonces cambian de idioma automáticamente. Este cambio debe obedecer a un impulso natural, lo cual casi siempre acontece cuando están jugando con otros niños: la necesidad de hacerse entender y de interactuar en el juego es un componente de gran importancia en el aprendizaje de idiomas.

Lo más importante es no reírse nunca del niño ni siempre corregirlo directamente. Con el tiempo, los niños toman conciencia por sí mismos de las diferencias entre los idiomas, sobre todo cuando nos esforzamos activamente por mantener viva su relación con la lengua en cuestión”.

Se deben afrontar múltiples dificultades, esto lo sabe cualquiera que tenga un niño con alguien de otro país. Pero, como nos cuenta Elisa Leonardi y me han confirmado también muchos colegas en la misma situación, lo fundamental es que el niño construya una conexión con el “otro idioma”. Existen muchas posibilidades para lograrlo: libros, películas, juegos… Una colega me recomendó, por ejemplo, el juego clásico “¿Quién es quién?“, que nunca pasa de moda, para aprender a describir de una manera divertida el aspecto de las personas.

Si, por el contrario, aprendemos un idioma a una edad avanzada, contaremos con otros recursos. Sin embargo, en este caso la diversión también desempeña un papel muy importante, pues sin ella podemos cansarnos rápidamente. Entonces, ¿qué estáis esperando? Desde las películas en idioma original hasta la comida en locales de otro país y los periódicos en idiomas extranjeros, disponemos de un sinnúmero de oportunidades para aprender un nuevo idioma, como podréis leer aquí, por no hablar de todas las posibilidades que hoy en día nos ofrecen los dispositivos móviles, sean aplicaciones para un idioma o elementos de tecnología ponible. En pocas palabras: ¡no tenemos que haber crecido como bilingües para poder hablar otro idioma!

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