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Interjecciones propias e impropias: peldaños para llegar a hablar con fluidez

Posted on diciembre 8, 2017 by

En este texto, Megan, del equipo de Relaciones Públicas, analiza algunas de las complejidades de las interjecciones en un idioma extranjero y por qué sumergirse en conversaciones reales es un aspecto esencial a la hora de aprender idiomas.

Refugees
Los planes tradicionales de enseñanza de idiomas suelen prescindir de las interjecciones, si bien estas son cruciales en todas las lenguas. Si sabes cuándo usar un «eh», un «umm», o un «yippee», cada uno portador de diferentes matices de significado, puedes salvar la distancia entre parecer un turista de expresión torpe o un astuto conocedor de la lengua.
Así que, ¿cómo aprender a usar las interjecciones? La respuesta es simple: hablando con las personas del lugar. Arriesgarnos a mantener conversaciones reales nos permite sumergirnos en la práctica natural de un idioma que no aparece en los libros de texto tradicionales: coloquialismos, chistes, formas de marcar un énfasis, etc. Todos los idiomas cuentan con estos instrumentos para dar un tono picante a la conversación.

¿Qué son las interjecciones? Primero hay que aclarar que existen interjecciones propias e impropias. Una interjección propia es un simple sonido que nos da tiempo para pensar entre palabras y frases, o para sugerir sutil e indirectamente alguna emoción; como por ejemplo, duda o indecisión. En español pronunciamos para ello un «eh» más o menos prolongado, en inglés suelen usarse los sonidos «errr» y «umm». Una interjección impropia es una expresión con la que ponemos énfasis a lo dicho. Por ejemplo, podemos manifestar nuestra sorpresa con un «¡Dios mío!» o «¡Hala!». En inglés diríamos «Holy cow!» o «Wow!». Las interjecciones pueden usarse solas o dentro de una frase, pero siempre son gramaticalmente independientes, es decir, aún incluidas en una frase, no modifican ninguna de sus palabras. No forman parte de nuestro lenguaje escrito, excepto cuando se reproducen con el propósito de reflejar un diálogo. Al no estar incluidas en nuestro lenguaje escrito, carecen de una forma fija. Por esta razón la forma de reproducirlas varía mucho.
Las interjecciones dan autenticidad al discurso y lo aligeran con un toque coloquial. De hecho, al crear el audio de las lecciones de Babbel, nuestros hablantes nativos se desvían con frecuencia del texto original porque quieren evitar el carácter «rígido, antinatural y carente de fluidez» de un idioma despojado de interjecciones.
Lars, editor de los cursos de ruso en el equipo de Didáctica de Babbel, explica así las dificultades a la hora de enseñar las interjecciones: «Para transmitir algún sentido, las interjecciones dependen del contexto. Esto las convierte en algo casi imposible de aprender si se usan los métodos formales de enseñanza, como la memorización de las traducciones presentadas en los libros de texto o en las aulas».
Por ejemplo, si tomamos la frase «Oh, mira ese cachorro», el hablante puede referirse a un adorable cachorro que tiene a la vista, pero también puede suceder que esté expresando su tristeza al constatar que el cachorro recibe un mal trato. En el primer caso, «oh» tiene un sentido de complacencia, mientras que en el segundo, sugiere compasión.
Las interjecciones casi siempre se aprenden de manera pasiva. En la escuela, la enseñanza del vocabulario se concentra en lo que aprendemos de manera activa, es decir, en las palabras que intencionalmente procuramos comprender, decir y escribir. El vocabulario activo, sin embargo, es solo una pequeña parte del léxico de alguien que está aprendiendo algún idioma. La mayor parte de este se compone del vocabulario pasivo, es decir, de las palabras que se aprenden a través del contexto. Siempre encontraremos «palabras nuevas» al conversar con hablantes nativos, y a medida que repetimos tales «descubrimientos» en contextos diferentes, comenzamos a comprender el significado de las palabras. Sin embargo, al principio no somos capaces de recordarlas cuando hablamos o escribimos. Poco a poco, después de toparnos con ellas varias veces, comenzamos a incorporarlas en nuestros diálogos.
Birte Dreier, Project Manager de danés e italiano en el departamento de Didáctica de Babbel, comenta así su experiencia con las interjecciones al aprender danés: «Usar interjecciones en un nuevo idioma es un proceso de dos etapas: entender en qué momentos funciona la palabra y luego usarla. Cuando estaba aprendiendo a hablar danés, solía prestar atención a las conversaciones de los hablantes nativos y después intentaba insertar las interjecciones cuando pensaba que funcionarían. Fue un proceso de prueba y error, pero cuanto más escuchaba, mejor comprendía instintivamente qué palabras usar en qué contexto».
Las investigaciones especializadas en el aprendizaje de un segundo idioma revelan que la adquisición de interjecciones es una consecuencia natural de la inmersión en las conversaciones reales. Sin embargo, es un hecho que para sumergirse en diálogos reales se requiere tiempo y/o dinero. Nuestro atareado ritmo de vida no nos permite sentarnos a ver una película francesa, leer un periódico alemán o asistir a un curso intensivo de idiomas en Italia. En lugar de ello, aprendemos idiomas a través de apps, libros o clases ofrecidas en el lugar donde vivimos. Lamentablemente, la mayoría de los usuarios de apps mastican una y otra vez el vocabulario propuesto por el sistema de repaso, mientras que quienes se inscriben en una escuela o utilizan un libro recitan de memoria las frases extraídas de los libros de texto. Tanto a los unos como a los otros les falta la experiencia de sumergirse en las conversaciones de la vida real.
Todo alumno aprenderá a usar las interjecciones en su idioma de aprendizaje siempre y cuando tenga la oportunidad de mantener conversaciones reales. Por esta razón, una de las metas principales de Babbel es conseguir que los usuarios sean capaces de participar en conversaciones reales lo más rápido posible y que sientan la confianza para hacerlo.
Hablar con los lugareños es una experiencia intimidante. Tropiezas y cometes errores. Pero cuando finalmente utilizas una interjección en el contexto correcto, o cuando haces una broma brillante con una expresión que se acopla a la perfección, no solo tendrás la motivación necesaria para seguir aprendiendo el nuevo idioma, sino que, aun siendo el más tímido de los turistas, sabrás un poco más sobre cómo se vive en ese lugar.