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Retrato – Un padre, tres niños y una furgoneta: de Milán a Laponia y regreso

Posted on October 15, 2015 by

Retrato

Este es el último capítulo de nuestra serie de  retratos de usuarios de Babbel. Hoy te presentamos a Giuliano, de Italia. Este arquitecto y padre de tres niños tenía un sueño: viajar con ellos a Laponia en una furgoneta remodelada. Para financiar el viaje, escribió un blog acerca de su aventura: Rovaniemi Express. En él nos cuenta sobre su viaje y cómo los conocimientos de sueco que adquirió durante el recorrido le ayudaron a entrar en contacto con un mundo completamente nuevo y a enseñarles a sus hijos que los idiomas tienen vida.

“Me llamo Giuliano y trabajo como arquitecto autónomo en Milán. Me gusta mucho viajar y pienso que para mis hijos es una experiencia importante. Tengo tres hijos y su madre y yo estamos separados; os podéis imaginar entonces lo difícil que resulta financiar un largo viaje juntos.

El último verano decidí hacer algo muy especial para los cuatro, algo muy significativo: un largo viaje. Para financiar esta aventura le pedí ayuda a amigos y parientes, y también probé a través de Internet el método de financiación en masa (“crowdfunding” en inglés). A todos los que me ayudaron prometí darles a cambio historias y dibujos, es decir, una pequeña parte de mi viaje. Y para hablar acerca de mí y relatar la aventura en la que me había sumergido, escribí un blog: Rovaniemi Express, llamado así en honor a la ciudad que era la meta de nuestro viaje: Rovaniemi, capital de Laponia, la región más septentrional de Finlandia.

Partimos de Milán en una furgoneta remodelada que nos prestó un profesor amigo nuestro. Europa del Norte desde siempre me ha fascinado. Ya he visitado algunas de sus ciudades, pero en esta ocasión quería descubrir la naturaleza y experimentar muy concretamente lo que significa viajar: ese gran mundo que se abre entre la partida y la llegada. Por esta razón era necesario contar con un medio de transporte que nos diera independencia.

Sumergirse en un mundo nuevo es lo que justamente también debían vivir mis hijos en medio de un ambiente seguro. Y para sumergirse de verdad, es necesario poder comunicarse. Por eso estudié con Babbel. Me divierto enseñándome idiomas a mí mismo. Así aprendí ya, por ejemplo, francés. Aprender un idioma sin ningún tipo de presión es, por una parte, una posibilidad de entrenar el cerebro. Pero, por otra parte, también es un juego o incluso un hobby. Yo aprendo un idioma en una forma similar a la que otras personas resuelven un sudoku o un crucigrama. Sin que uno se percate de ello, al final la memoria retiene un montón de conocimientos.

Para mis hijos aprender idiomas tiene connotaciones muy diferentes: un idioma extranjero les parece algo impuesto, algo que tiene que ver con el colegio y las tareas. El mayor, que tiene 15 años, está empezando a comprender que con inglés uno puede comunicarse en todo el mundo, además del simple hecho de entender las letras de las canciones cuando oye música. Sé que merece la pena llevarlos por un tiempo al extranjero, puesto que así se transforma su relación con los idiomas.

Dividimos nuestro viaje en numerosas etapas breves, de uno a dos días máximo, en las que conversamos con nuestros vecinos de tienda o con los propietarios del camping. Bastaba con un par de palabras en sueco para romper el hielo. A pesar de que los suecos hablan muy bien inglés, siempre intenté comunicarme con ellos en su idioma. Me resultó muy fácil expresar mis necesidades básicas. Pero luego te contestan, naturalmente, y la cosa se pone difícil (ríe). A diferencia de lo que uno supone, el sueco no es un idioma especialmente complicado. La pronunciación es un poco extraña, pero al mismo tiempo, el aspecto más bello del idioma, ya que es muy musical. Quizás no corresponde a lo que uno espera de un idioma nórdico, pero es verdad que el sueco tiene un sonido muy suave.

Hubo varios momentos divertidos cuando los niños, intentando utilizar las frases que habían aprendido, hablaron en sueco en el supermercado o, en otras situaciones, en inglés. Una escena muy bonita quedó grabada en mi memoria. En una ocasión estábamos en la sauna de un camping; salí con la pequeña para refrescarme un poco y dejé solo al mayor. Poco después llegaron unos suecos a la sauna y comenzaron a conversar con él. Al observarlo desde afuera, pude ver cómo hablaba en inglés sin que yo estuviese ahí como intermediario. Esto me causó una gran alegría. También para él fue una experiencia importante darse cuenta de que puede lograrlo sin ayuda y estaba muy orgulloso de ello.

Creo que esta experiencia nos ha enriquecido mucho a todos y fortalecido nuestras relaciones. ¡Seguro que volveremos a hacer algo así!”

Si os ha gustado la historia de Giuliano y queréis saber más sobre el viaje que hizo con sus hijos, podéis vistar su Blog, que puede leerse en dos versiones, en italiano y en inglés. Pero antes una advertencia: sentiréis unas ganas incontrolables de hacer maletas sin perder un minuto más. ¡No digáis entonces que no os habíamos avisado!

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